Vigilante.
Piélago nocturno, agitado e incesante, por las cadencias de un verano inexorable.
Te contemplamos, espejo del absoluto, reflejo del reflejo, del reflejo, del reflejo…
Solo la quietud calma tu tempestad,
la no intervención,
pues toda mediación es
ilusoria,
el presente no debe derramarse en pos de vientos impetuosos.
Exhala ese suspiro de buena voluntad,
desde tu pecho candoroso hacia mi corazón
anhelante,
que levante las velas y continúe su viaje,
navegando la plenitud de la templanza;
Urania, precipítate y genera
el fundamento de esta tierra,
constitúyeme en digno vigilante.
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