SÓCRATES Y LA FUERZA.
Isopsefía Helenística. β
ʹὉ ἈΓΝΌΣ ἈΔΕΛΦΌΣ
Las palabras compuestas del Griego Antiguo están preñadas de algunas joyas.
El nombre de Sócrates llega hasta nosotros, usualmente, por dos vías: la primera, a través de la academia, como un eco que se deja oír cual espectro de antaño, replicado en los vacíos salones de clases, por repetición mántica de algunas frases; la segunda, gracias al nombre de algún amigo maracucho, que desde muy joven no deja de expresar frases ingeniosas, enigmáticas, muchas veces en un dialecto difícil de trazar, aunque cargado de mucho picante y de curiosas etimologías, que parecen conectar, de alguna manera, con el antiguo pueblo Heleno.
Así pues, como los antiguos usaban Τρισμέγιστος “Tris-mégistos” para designar al tres veces grande, los osados maracuchos emplean el “Τριμαρδίτο” para designar a quien ha sido condenado 3 veces, que básicamente es todo el mundo, a excepción del que, inspirado desde el propio Hades, hace uso de ese adjetivo. Y es que este adjetivo del averno es también una palabra compuesta, como triple es su efecto, triple igualmente es su composición: Τρι-μαρ-δίτο o Tri-mar-dito o Tres-mal-dicho o quien ha sido “mal dicho tres veces”.
Curiosa es también la transposición maracucha del sustantivo “mal” en el sustantivo “mar”. Con esto se hace patente el recuerdo de los grandes héroes como Odiseo, Aquiles, los Argonautas, enfrentando grandes males y surcando grandes mares, así como la remembranza de Jesús de Natzaret posado sobre el mar, victorioso sobre el mal, reprendiendo a la tormenta, mezcla agitada de aire y agua. Como si una idea honda, desconocida, inexplorada, insondable, capaz de ahogar al incauto, yaciera en lo profundo.
Resuelta esta breve digresión maracucha, volvamos al Sócrates de Atenas y a la etimología de su nombre.
Σωκράτης (Sookrátees), palabra compuesta por dos elementos: “Soo” y “kratees”. El primero de ellos, conectado con el verbo “Sóo-tzoo” (salvar, sanar); con el adverbio “Ei-soo” (hacia dentro, hacia el interior) y con el adjetivo “E-sóo-teros” (más adentro).
El segundo elemento del nombre, conectado con el verbo “Kratéoo” (ser fuerte, prevalecer, reinar); con el sustantivo “Krateer” (crátera de vino y caverna) y con el sustantivo “Krátos” (soberanía, vigor e imperio).
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| La muerte de Sócrates, de Jacques-Louis David, 1787. |
Con estos elementos en la mesa, el nombre de Sócrates manifiesta nociones tales como:
“la fuerza que sana y salva”; “la fuerza y soberanía interior”;
“hacia dentro, hacia el interior, está el imperio y el vigor”;
“hacia dentro, hacia el interior, está la sanación y la salvación”
Según el Fedón, la última petición de Sócrates fue: “Critón, debemos un gallo a Asclepio. Así que págaselo y no lo olvides”
Con esa solicitud, Sócrates pidió a Critón pagar la deuda adquirida con el “Dios de la Medicina y la Salud”.
Pero en ese contexto evidentemente perdidoso: condenado injustamente, envenenado con la cicuta, la mitad de su cuerpo paralizado, sin haber estado exento del mal que aqueja a todo mortal, la vejez, las dolencias del cuerpo y las digresiones mentales (como lo señaló varias veces), cabe preguntarse:
¿A cuál sanación y a cuál salvación se refería la deuda?
Habiendo perdido ante sus 3 acusadores y ante el colectivo:
¿Sobre qué prevaleció? …
Su nombre y su Daimon nos responden con vigor desde un recóndito imperio. Benditos nombres que la tradición nos ha legado.

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