Sócrates y la Verdad.
Isopsefia Helenística. γʹ
Ὁ Ἀ ἈΔΕΛΦΌΣ
Hay palabras como sondas penetrantes, que atan, creando lazos en la inmanencia, que al desatarse, construyen el alma y liberan la consciencia hacia la trascendencia. Otras palabras se disuelven como la espuma superficial del mar, cuando cesan los embates del viento sobre el agua. A las luces de Sócrates, las primeras están ordenadas; las segundas, decoradas.
En honor de la “Cruz de Mayo” con sus dos ejes, Sócrates fue acusado por dos causas: a) En lo vertical, por impiedad, desajustado a los deberes religiosos; y, b) En lo horizontal, corruptor de la juventud de Atenas.
La frase Shakesperiana “mucho ruido y pocas nueces”, que en lo cotidiano suele aplicarse a la frivolidad de lo insustancial, no se aplica a las palabras “ordenadas” que atan, pues éstas son “muchas nueces y poco ruido”, nutrición seminal.
Tres fueron los acusadores de Sócrates, como triple es la cáscara que alberga la nuez, representantes de la cárcel de la palabra, encantadores, conmovedores: Un poetastro, un político y un orador.
Al inicio del juicio, según la “APOLOGÍA DE SÓCRATES” (Platón), el enjuiciado se desmarca del terrible triunvirato, apuntando algunas joyas apreciables en el texto griego.
Expresa Sócrates, refiriéndose a sus acusadores:
“...así de persuasivamente “ἔλεγον” (hablaban, reunían, contaban). Sin embargo, para ser claros, ninguna verdad han “εἰρήκασιν” (atado, preguntado, tejido…)”.
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| JohnWilliamWaterhouse- PenelopeandtheSuitors(1912) |
Luego, indica a los Atenienses que escucharían de él toda la verdad:
Con palabras “κε-κοσµη-µένους” (que han sido ordenadas) en lugar de palabras “κε-καλλιεπη-µένους” (que han sido refinadas).
Para rematar finalmente señalando que:
Él hablaría “εἰκῇ” (natural y justamente) haciendo uso de “τοῖς ἐπι-τυχοῦσιν ὀνόµασιν” (nombres acertados, que están por encima de lo casual y de lo sobrevenido).
Expresiones de futuras reflexiones, que hacen pensar en poliédricos matices.
Queda claro que la “VERDAD” es un tejido singular como el de Penélope, tejido y destejido, que ata en lo profundo, que construye y luego libera; que esa verdad está cerca de la gran pregunta más que de las miles de respuestas. Que el “orden” subyace al “refinamiento” y le supera; pues el segundo sin el primero es un espectro. Que en la naturaleza hay cierta justicia insondable, proveedora constante de “nombres supradevenidos” para los Sabios; Nombre, Nomen, Numen.
El amanuense de esa madre de misericordia fue aquel “Δαίμων” que asistió, hasta sus últimas horas, al gran Sabio de Atenas.
Sobre el orden subyacente, este es inefable.
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