Padre y niño.

 

Pan, drawing, Sergey Sudeykin
Vi el horror en el rostro de mi padre, desencajado por eventos repentinos, pasajeros, contingentes, pero terribles, esos que preñan la existencia por doquier. En su faz, cual relámpago, brotó con efervescencia el niño que fue y que aún es en lo profundo, el que se oculta tras sus dulces poses de padre anciano, el que veo cuando él actúa sin sospechar que lo miro desde lejos. Al llegar la noche, desvanecimiento en el terror, terror de desvanecimiento; en ambos casos, disolución del pensamiento; ¿dónde, cómo, cuándo? ¿¡Quién!? ¡Pánico, desaparezco! Encaro a Pan, divinidad cabría, sátiro de la maleza del silencio, toca su siringa y danza entre los arbustos de mi espesura interior, asoma su rostro y tiemblo. ¿Por dónde, cómo regreso? Respiro, enmudezco, tan solo cadencias del corazón, me retornan a la noche en mi habitación, noche de recuerdos, de sueños de alcanfor; aunque detrás, mi olfato ha catado el buqué, ese aroma terciario y azufrado, de un peculiar fuego.

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