Matemáticas, a la luz de FRAGMENTOS DISPERSOS de Reinaldo Chaviel.

La primera vez que leí a Reinaldo Chaviel, leí al poeta. 

Reinaldo Chaviel, el Poeta.
Fotografía Ana Teresa Hernández
de Antonio @pasifae_
Hace poco más de dieciséis años, comenzaba a consumarse una hermosa amistad entre su hija menor y mi persona, una amistad que hoy además es hermandad; fue entonces cuando aquella, María Fernanda Chaviel López, me obsequió con un ejemplar de ANTIGUAS RESINAS. 

Mi contacto con la poesía en ese entonces era incipiente. Pero recuerdo con claridad que al leer aquel poemario, de inmediato se agitaron -como el título de la obra de esta reseña- los “FRAGMENTOS DISPERSOS” de mi interioridad, y sentí aquel misterio que solo el alma del poeta es capaz de transmitir. 

Como dicen algunos de los versos contenidos en el poema número 7 de ANTIGUAS RESINAS: 

 

La sonrisa de la Luna.
Fotografía Ana Teresa Hernández
de Antonio @pasifae_


“Quién va a inaugurar la sonrisa de la luna/

abrir los ojos al asombro/

oír la música del alma/ 

Es tu alta presencia/

Quien encauza el mar, el llano y el rebaño/

Corazón.”



El término poesía, ποίησις (póieesis), proveniente del griego antiguo, nos conecta con un acto creativo consciente, no mecánico, que va más allá de lo simplemente utilitario, que trasciende y es capaz de sanarnos por dentro. 

En el evangelio, encontramos aquel hermoso pasaje de un hombre que tenía 38 años sin poder caminar, postrado en una camilla, y Jesús le sana. Al ser interrogado sobre quién lo había sanado, responde: ho poiésas me hyguié… En la traducción más común que leemos en español se expresa: “AQUÉL QUE ME SANÓ…”; pero en una traducción un poco más literal podríamos expresar igualmente: “EL POETA QUE ME SANÓ…” Así pues, el poeta es un sanador del alma y del corazón.


Sanador del alma y el corazón.
Fotografía Ana Teresa Hernández
de Antonio @pasifae_
Y es que parecerá extraño hacer referencia a la "poesía" en la reseña de un libro de cuentos breves, pero estos cuentos tienen mucho de poesía, pues encarnan la esencia de lo atemporal, a través de la metamorfosis de aquello que no se concreta en una forma perecedera, como si se emulara a la eternidad en su constante fluir.

Al leer los cuentos de FRAGMENTOS DISPERSOS, recordé a los legendarios HAIKUS del Japón, de los que OCTAVIO PAZ refirió que obligaban al poeta a significar mucho, diciendo lo mínimo.

En estos cuentos breves de Reinaldo Chaviel, en contraposición al título de aquella obra de Shakespeare, nos confrontamos con “MUCHAS NUECES Y POCO RUIDO”, su lectura atenta nos nutre y nos sana.    

Al leer estos cuentos breves, se afianza la sensación de pureza en la pluma del autor, de carencia de mezcla, de intensidad seminal, de quintaesencia.

Ya desde el exterior de la obra, entramos en contacto con profundidades, pues sus componentes la hacen manifestarse, cual arca contentiva de tesoros esenciales, esos que “ni la polilla ni el orín corrompen, y que no son susceptibles de ser hurtados ni minados por ladrones en medio de la noche”

La obra.
Fotografía Ana Teresa Hernández
de Antonio @pasifae_

Al leer el título de FRAGMENTOS DISPERSOS y, apreciar la fotografía de la portada, quedamos abrumados por el asombro: 

Se trata de un pie femenino, cuya movilidad es dudosa, pues no logra percibirse de la imagen si aquella jovencita corre, camina, si está detenida o si salta jugando Rayuela sobre un trazado de números invisibles, que la guían en progresión a la búsqueda de los fragmentos del paraíso de su infancia; paraíso abandonado poco tiempo antes. Un paraíso, que es el nuestro también, pues como lectores vamos en búsqueda de los maravillosos arcanos aquietados en nuestra alma. Acudimos expectantes a esta colección de cuentos para agitar esas porciones y poder reunir lo disperso, hasta lograr la unidad de perfecta coherencia, ya perdida.


A pesar del lector y muchas veces del escritor mismo, los libros, en especial los de poesía y los de cuentos, como éste que hoy nos reúne, tienen un poderoso componente espiritual. Este hecho se hace patente cuando tenemos frente a nosotros un volumen de cuento o de poesía. Es evidente la abismal diferencia que surge si nos limitamos a describir quirúrgicamente el tomo, sus dimensiones, número y tamaño de las páginas, número de capítulos, tipo de encuadernado; o si, de manera recreativa, silente y atenta, nos sentamos a leer aquel libro. Un portal con distintas dimensiones. Del sujeto depende el hecho de cruzar más allá.
 

Fotografía Ana Teresa Hernández
de Antonio @pasifae_
Según una de las místicas más antiguas y difundidas de todos los tiempos, la judía, vinculada también con la mística cristiana y la musulmana, a través de un libro fue creado el Universo. Según esta visión, el libro está compuesto por número, letra y sonido. Y es que ese Universo incluye todos los mundos, los que fueron, los que son y los que serán. Todos ellos coexisten en un mismo instante, en un ámbito atemporal que el autor logra conjugar con la ayuda de los elementos de su obra. Un ámbito con el que entramos en contacto al sumergirnos en silencio en cada una de las historias allí contenidas.

Fragmentos dispersos está conformado por 41 cuentos, no perdamos de vista este número. Una vez escuché que la edad de madurez intelectual se alcanza después de los 40 años y que, a partir de esa edad, en muchas tradiciones, es que se está lo suficientemente apto para entrar en contacto con los estudios más importantes y las nociones más abstrusas de la filosofía perenne.

Es necesario aclarar dos puntos a este respecto: el primero, al hacer referencia a "intelectual", no se trata del raciocinio lógico ordinario; por el contrario, se trata del "νοῦς" (nous) de los antiguos griegos, de ese entendimiento superior, más vinculado con el alma y el corazón, empleado para discernir y comprender, aspirando a la sabiduría. El segundo aspecto que debe aclararse, es que esos 40 años constituyen una posibilidad, es decir, no por cumplir dicha edad, ya se está en la condición de realización necesaria. Así pues, como si el ser humano en su desarrollo fuera un gran alambique donde debe madurarse un peculiar vino durante esos 40 años, a los fines de que pueda estar disponible para los comensales, el gesto y la atención del vinicultor es clave. No perdamos de vista que aquel hombre del evangelio estuvo postrado durante 38 años, poco tiempo antes de 40. 

Fotografía Ana Teresa Hernández
de Antonio @pasifae_

Es curioso que el verbo griego empleado para referir el hecho de "cumplir años" sea "γίγνομαι" (gígnomai). Este verbo significa "entrar en otro estado del Ser" o también "llegar a Ser". En este orden, cada edad es cumplimiento del ciclo vital en el ámbito biológico, pero en otra dimensión es una posibilidad de ascenso en la escala de la verdad.

40 días y 40 noches fue el tiempo que Moisés estuvo en el Sinaí y el mismo tiempo que Cristo estuvo en medio del desierto para ser tentado. En ambos casos, se trató de un proceso de transformación y renacimiento. Simbólicamente, dicho período genera un ámbito donde se hace contacto con elementos de trascendencia importantes.

En el caso de FRAGMENTOS DISPERSOS, es inevitable que el lector, a lo largo de los 41 cuentos, no sienta que ha sido renovado, mediante un proceso de unificación, a través del cual el autor lo va conduciendo desde las primeras líneas.

Desde la primera entrada se hace contacto con lo numinoso. Ya en el primer cuento, la Parca terrible protagoniza la historia, lectora insaciable de listas interminables de generaciones de mortales. Y así como a partir de un libro fue creado el Universo, a partir de una libreta se desarticula, descomponiéndose, para recrearse luego:


Fotografía Ana Teresa Hernández
de Antonio @pasifae_

"La libreta 

Reinaldo Chaviel.

En el bar, los hombres ojean morbosamente 

a las muchachas. La muerte, acodada en la 

barra, hojea su libreta y subraya un nombre."

A partir de este cuento número 1, como la unidad se refleja a sí misma para diversificarse en las demás cifras del espectro de progresión numérica; en FRAGMENTOS DISPERSOS, se genera un proceso constante de transformación de la Parca, que protagoniza la 1ra historia, en 40 arquetipos, que le otorgan un cariz lleno de belleza sin igual. 

Todo cuento es misterio, y esta recopilación de Reinaldo Chaviel es transfiguración constante del gran misterio que sólo la vida es capaz de suministrar. El terrible personaje del primer cuento sufre una metamorfosis constante a lo largo de las páginas. 

Fotografía Ana Teresa Hernández
de Antonio @pasifae_
Llega a ser una ciudad etérea que invade distintos ámbitos de realidad, una adivina cuyo cuerpo es el oráculo al que se acude, un castillo impasible de habitantes risueños; es también, el verdugo amante, verdugo educado, verdugo sonriente, para demostrarnos que las buenas maneras, la dulzura, no carecen de severidad y que lo cortés no quita lo verdugo; es igualmente, el fondo de un bolso donde es relegado un sapo parlante que sueña ser un príncipe o un príncipe que sueña ser un sapo que habla; es el camarote de aquel mítico submarino, donde el despertar del aventurero da paso a la conquista de la meta última en medio de las profundidades que antaño fueron surcadas por Odiseo; es la puerta de abordaje de un viaje que se emprende en soledad aparente; es el sol líquido de las 3 de la tarde a punto de diluirse definitivamente en la noche de los tiempos, es el reflejo inexorable del tiempo y la verdad que combate sin piedad la tesitura de la belleza contingente; es el delito constante que cometemos buscando certezas en medio de lo que es imprevisible; es el fuego voraz de la pasión desenfrenada; es la impunidad de un cíclope anciano cuyo ojo de vidrio le hacía el mejor fugitivo; es el maestro arquero capaz de conjurar a las águilas, cuya maestría con la saeta radica en estar integrado con la naturaleza…

Y así, sucesivamente, la parca se transfigura con asombrosa maestría, bajo la pluma del autor, quien tiene la gentileza de conducirnos a un mundo particularmente hermoso, al que es imposible accederse desde otras latitudes, pues el acceso al sendero está custodiado por la belleza del arte en manos de Reinaldo Chaviel.

Leamos FRAGMENTOS DISPERSOS y consumemos aquella unidad perdida, confrontemos la belleza de lo que en principio parece terrible, pero que constituye el fondo inefable del gran misterio que es la vida misma.

 


 

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