Silencio.

 El fuego de un silencio draconiano arde, sosteniendo el vuelo. La luna se alumbra enardecida de amor; se oculta con timidez tras nubes de alcanfor y sueños. Son los velos de tu rostro, asomado y observante tras las cuatro montañas sagradas que se elevan hacia tí. Tu ojo izquierdo te delata, ese que no se oculta, escrutando las honduras de estos valles...

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