LA FELICIDAD: demonio bueno y dichoso.
Τίς εὐδαίμων. <<ὁ τὸ μὲν σῶμα ὑγιής, τὴν δὲ ψυχὴν εὔπορος, τὴν δὲ φύσιν εὐπαίδευτος.>> Θαλῆς ὁ Μιλήσιος
Tis eudáimoon. <<ho tó mén sóoma hygiées, téen dé psykhéen éuporos, téen dé phýsin eupáideutos.>>
Thalées ho Miléesios.
¿Quién es feliz?
<<Quien tiene el cuerpo sano, el alma bien provista, y educa justamente, habituando bien y corrigiendo a su naturaleza.>> Tales de Mileto.
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| Carl von Bergen Mädchen mit Teller |
La felicidad, ese enigma anunciado como posesión por parte de muchos.
En griego antiguo, el sustantivo empleado para calificar a la felicidad es “eu-daimonía”, que literalmente se traduce por “bueno y dichoso demonio”.
Por otra parte, el término “demonio”, más allá de las connotaciones “mephistophélicas” que le han sido atribuídas a lo largo del tiempo, se refiere a “genio, divinidad menor o intermedia”.
Ahora bien, la cita de la presente entrada refiere una de esas frases de Tales que se han venido comentando.
Cuando Tales pregunta ¿Quién es feliz? alude a una trinidad:
Afirma, en primer lugar: “quien tiene el CUERPO SANO”.
La expresión griega “sóoma” (cuerpo) es también “fundamento”. Toda construcción, toda arquitectura erigida hacia lo alto, parte de su fundamento. Si el fundamento no es íntegro, mal podrá sostenerse todo el conjunto. El adjetivo “hygiées” (sano) es igualmente “íntegro”. De allí que, “tener un cuerpo sano” implica también “tener un fundamento íntegro”. Quien es feliz, ha gestado cierta reconciliación con el sostén de todo fundamento, “La tierra”.
Gea, madre Primordial, la tierra, contenedora de sus titánicos hijos, engendradora de todos, sostén de los embates reiterados del cielo informe (Urano), dadora de la simiente primordial; pues al formar a Urano y gestar su castración, coaguló e hizo posible el Reinado de la edad de Oro, así como el nacimiento de Afrodita Urania.
En segundo lugar, sostiene Tales: “(es feliz, quien tiene)...el alma bien provista”.
Aquí el adjetivo “éu-poros” (bien provista), compuesto por dos elementos; alude, en su primera parte: “éu”, a lo que es “bueno y dichoso”. Mientras tanto, en la segunda parte “poros” , alude a “mar, río, vado” (3 formas de las aguas), pero también a “pasaje, camino, senda, puente” (niveles de paso para el peregrino).
Sintetizando un poco lo anterior, podríamos decir que “un alma bien provista” es también “un alma que posee buenas aguas”, pero también “un alma que tiene buenos caminos, senderos, pasajes”. En el primer caso, se recuerda a las aguas calmadas por Cristo en el evangelio, como las aguas benditas y purificadoras de los templos. En el segundo caso, recordamos un laberinto de pasajes transitables, sobre los cuales es posible avanzar hacia el centro.
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| Map of Jericho. Elisha ben Avraham Crescas. |
En tercer lugar, expresa el sabio de Mileto: “(es feliz, quien tiene)...la naturaleza bien educada”.
Finalmente, la “justa educación, el buen hábito y la corrección”, de la expresión "eu-páideutos", contiene las nociones de “eu” igualmente, es decir, “lo bueno y dichoso”. Luego “páideutos”, la segunda parte de ese término, se refiere al acto de “reprender, corregir, castigar”.
Dicho esto, el término para “naturaleza” (phýsin), acusativo singular, que viene del nominativo femenino “phýsis”, hace alusión a aquello que “surge naturalmente” con ocasión a la condición de “criatura nacida y brotada en la manifestación con todas sus propensiones e inclinaciones” (del verbo phýoo).
Aquí, la propensión natural alude a la expansión horizontal, que dicho sea de paso, carece de límites, pues la multiplicidad se pierde de vista, la buena educación a la que alude Tales, refiere a los justos límites que deben imponerse a ese brote inclinado hacia la maleza.
Por supuesto que la noción de justo, presente en todo límite gestado a tales fines, indica un “saber limitar”, es decir, no se habla de una restricción ciega, como fin en sí mismo, lo que daría al traste con la “buena educación”.
Se observa pues, que la felicidad es EL BUEN DEMONIO, o también EL BUEN GENIO, producto de la gran vigilancia y trabajo interior que implica su conquista. Que la felicidad no es un estado pasajero y contingente, que dependa de circunstancias externas, se trata de un estado superior del ser, en el que somos capaces de:
“...tenernos… proveernos … educarnos…”


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