Calígrafo
Calígrafo de fervorosas alboradas, detienes tu pluma y la suspendes; separas los trazos entre sí, desuniéndolos; como se escinden los amantes cuando el cálamo de fuego ha disipado sus ardores. Tu oficio encantador conjura las formas que atavían a la letra, como se visten los cuerpos agotados al final de cada encuentro, tras el hastío, la nostalgia y muchas veces el anhelo. La noche llega y te aferras a la verticalidad de tu pluma, mientras su punta se hunde con renovados fuegos en la tinta bermeja, reserva de sacrificios ya olvidados. Enciendes la mecha de una nueva vida, pero la letra que asientas se escapa de ti, huye desaforada, más allá de los límites de tu oficio; huidizo arquetipo, que retorna a la fuente de tu pecho candoroso.

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