FÁBULAS DE ESOPO: EL RUISEÑOR Y EL HALCÓN

 

Las fábulas de ESOPO han pasado de una generación a otra. La verdad es que solemos leerlas con cierta ligereza, y nos quedamos con una MORALEJA pasajera. Como bien lo expresa la desinencia de esa palabra, pareciera que la MORALEJA nos ALEJA de los elementos centrales de la fábula misma. 


Esto ocurre ante un primer impacto de nuestra visión moderna, tan acostumbrada a lo superfluo, carente de la aguda mirada del cíclope Polifemo, terrible durmiente en la caverna del recuerdo, despierto ante otros mundos, en el olvido de su embriaguez y su inminente oscuridad.


Otro tipo de lectura, bajo la guía de la graciosa lengua de las Musas, nos confronta con la majestad de las ideas contenidas en la fábula, vamos un poco más allá… justo ante la frontera de otros reinos.


Las aves protagonizan las historias más importantes, ellas pertenecen a todos los mundos; su morada es la tierra pero hacen uso del aire para remontar el vuelo, su lenguaje es la música misma.


Fábula del RUISEÑOR y EL HALCÓN:


Ἀηδὼν καὶ ἱέραξ


Ἀηδὼν ἐπί τινος ὑψηλῆς δρυὸς καθημένη κατὰ τὸ σύνηθες ᾖδεν. Ἱέραξ δὲ αὐτὴν θεασάμενος, ὡς ἠπόρει τροφῆς, ἐπιπτὰς συνέλαβεν. Ἡ δὲ μέλλουσα ἀναιρεῖσθαι ἐδέετο αὐτοῦ μεθεῖναι αὐτήν, λέγουσα ὡς οὐχ ἱκανή ἐστιν ἱέρακος αὐτὴ γαστέρα πληρῶσαι· δεῖ δὲ αὐτόν, εἰ τροφῆς ἀπορεῖ, ἐπὶ τὰ μείζονα τῶν ὀρνέων τρέπεσθαι. Καὶ ὅς ὑποτυχὼν εἶπεν· «Ἀλλ’ ἔγωγε ἀπόπληκτος ἂν εἴην, εἰ τὴν ἐν χερσὶν ἑτοίμην βορὰν παρεὶς τὰ μηδέπω φαινόμενα διώκοιμι.»

Οὕτως καὶ τῶν ἀνθρώπων ἀλόγιστοί εἰσιν οἷ δι’ ἐλπίδα μειζόνων [πραγμάτων] τὰ ἐν χερσὶν ὄντα προΐενται.


EL RUISEÑOR Y EL HALCÓN.

Un RUISEÑOR posado sobre lo alto de una ENCINA cantaba según lo acostumbrado. Un HALCÓN, falto de presa, viéndolo, se precipita desde lo alto y lo captura. El ruiseñor, pensando en su muerte inminente, le pide al halcón que lo libere, diciéndo que no era suficiente para llenar el estómago del halcón; siendo necesario, si estaba hambriento, volverse hacia un ave más grande. El halcón, respondiendo, le dijo: “Pero yo sería un tonto, si teniéndote a disposición como presa segura, voy detrás de un fenómeno inexistente.”

Así de absurdos son los hombres que, por la esperanza de mayores cosas, dejan ir las que tienen en sus manos.


Tres elementos constituyen el corazón de la fábula: la encina, el ruiseñor y el halcón.

Tres elementos superpuestos, la encina enraizada en la tierra, sobre su follaje superior se posa el ruiseñor para cantar del modo acostumbrado, desde el cielo se precipita el halcón. El Ruiseñor es capturado y teme la disolución. Se aferra, pide liberación, arguye su propia pequeñez, y la insuficiencia de sí mismo para satisfacer a su captor.


La sacralidad de la encina es patente en la tradición mitológica de todos los pueblos. 


El canto del ruiseñor, el nivel más elevado de lo “vibratorio”, que desde el corazón se esparce, expande su alcance desde la corona del árbol, representada en el follaje de la encina, inspiración para la Dodona, fuente de cavilaciones para el propio Zeus, que solía meditar bajo la encina.


El sustantivo “halcón” en griego antiguo es “Ἱέραξ” que parece compartir gran parte de su morfología con “Ἱέρος, α, ον”, adjetivo calificativo traducido por “SAGRADO y DIVINO”.


El corazón del hombre es capturado por lo sagrado en el momento mismo en que se posa sobre “el buen árbol…” y vibra “del modo acostumbrado…”


En la esperanza de algo más…abandona una y otra vez “lo real” para sumirse en aquello que juzga como lo más acorde a su satisfacción. Por ello, es precipitado a tierra, lejos de la encina originaria, de donde fue tomado.



Pero el otro ámbito, silente y vigilante, desde arriba, EL HALCÓN, LO SAGRADO, no despliega sus garras, ni se deja persuadir por vanas esperanzas. 

La captura del ruiseñor por el halcón alude al hecho de ser devorado por lo sagrado. Ser devorado, digerido y asimilado es ser sublimado, es la extracción del germen vital del ruiseñor para hacerse uno con al halcón, con lo sagrado. 


Antes del silencio definitivo, el ruiseñor pasa del canto al lenguaje ordinario. El canto le expone ante lo sagrado, el lenguaje que emplea para persuadir al halcón le muestra la verdad, le hace darse cuenta de qué él mismo es lo real. 


Así pues, al aceptar el silencio, ese silencio al que lo expone la verdad que el halcón le comunica, acepta finalmente el vuelo que le supera y le conduce, asume el ímpetu que le posee, para así disolver sus propios límites, y liberar la vibración hasta ahora cautiva en sus cantos cotidianos. 



Comentarios

Entradas populares de este blog

Matemáticas, a la luz de FRAGMENTOS DISPERSOS de Reinaldo Chaviel.

La cuarta parca.

Padre y niño.