Tres “Re-cuerdos”. A la luz de la lectura de “ALIRIO” de Cecil Álvarez Yépez.

          

ALIRIO de CÉCIL ÁLVAREZ.
Fotografía: Ana T. Hernández
de Antonio: @pasifae_

I.- La soberanía de la Cabra.

El pastoreo de cabras es el oficio que el Querido Cecil Álvarez ejerce desde su corazón. Más allá de sus múltiples virtudes y pericias, ganadas en el trabajo operativo desempeñado “a cal y canto” a lo largo de su vida, se califica a sí mismo como “Un Pastor de Cabras”.

Cuando pienso en el despliegue de esa actividad (EL PASTOREO DE CABRAS), recuerdo la primera vez que escuché el canto de la cabra. Ahora entiendo el origen de la virtud que caracteriza al autor en los ámbitos donde he tenido el honor de verlo desempeñarse. Mi primer contacto con el camino espiritual, que es el fundamento de mí andar desde hace varios años, fue a través de su persona. De sus manos recibí en aquél entonces una de sus obras “De las cosas más sencillas”, y luego, en una visita a Mérida, visitando librerías años después, encontré un ejemplar de “En Carora”. Ambos títulos los leí con fruición y aunque por aquel entonces sentía la necesidad de expresarme por escrito al respecto, no me atrevía. Mi valor para confrontar al Logos se ha incrementado poco a poco con el paso de los años, aunque con dificultad y siendo mayormente por escrito. Ese valor, progresivamente adquirido, se lo debo enteramente a los contactos y experiencias que gracias al autor se han desplegado desde que lo conocí.

Con esta lectura, la de la tercera obra que conozco de su autoría, no puedo evitar recordar y sentir el eco proveniente de latitudes insospechadas, resonante, fuerte y firme, casi una percusión viva, es el eco del canto de la cabra que se deja oír en el desierto de la interioridad.

“La voz de aquel que clama en el desierto” quizá sea una figura representativa.

La primera vez que vivencié la idea de “soberanía”, salía de Carora, recorría el camino de retorno hacia mi casa, había dejado “atrás y a la izquierda” aquel monumento de la “VACA, RAZA CARORA”, signo inequívoco de que se está llegando a ese hermoso terruño; que es tal, para nativos y foráneos por igual, pues no deja de brindar, desde su seno, las savias más nutricias, en reconocimiento fecundo de los “desterrados hijos de Eva”. Así de grande es su candor.

A esa tierra, el protagonista de la obra, ALIRIO, llega al final del primer capítulo, lleno de esperanzas, armado con el más esplendoroso instrumento que jamás haya sido concebido: LA GUITARRA. La Guitarra, descendiente de la Lira, primigenia creación de Hermes, destinada a apaciguar los ánimos de Apolo, siendo en adelante su instrumento, fuente de sutiles efluvios, los que preñaron de plenitud el corazón del gran Orfeo.


¡Caminante, "sí hay camino"!
Fotografía: Ana T. Hernández
de Antonio: @pasifae_
Cuenta el mito que para crear la Lira, Hermes se sirvió de un “caparazón de tortuga” y de las “tripas de los bueyes de Apolo”: del primer elemento obtuvo el cuerpo y del segundo las cuerdas; el primer elemento (el caparazón), una rústica exterioridad diseñada para proteger de la intemperie. Ese caparazón, que en principio y desde la perspectiva del observador, era convexo, pero que al ser empleado por Hermes pasó a ser “cóncavo”, transmutando así la plenitud en vacío y empleando la ausencia del ser de la tortuga para generar resonancia. Por su parte, el segundo elemento (las tripas), partes integrantes de una suave interioridad dispuesta en el vientre del BUEY, capaz de albergar el complejo trabajo que resulta de aprovechar de un modo más eficiente que cualquier otro animal los nutrientes alimenticios.


Del primer elemento (lo externo), Hermes tomó la capacidad de resonancia; del segundo (lo interno), las escalas, la facultad de subir y bajar, de sublimar y densificar… la capacidad de libertad. Es así como los llamados coloquialmente “cuatro (04) estómagos del rumiante”, son una manifestación de las cuatro (4) bifurcaciones del Doulos Oukoon de Jonuel Brigue.

Y es que en la música, se presenta de manera contundente aquél quinto (5º) elemento que va más allá de la última bifurcación, más allá de las palabras y de todo discurso. El imperio de la reflexión es abandonado en procura de la elevación del alma hacia la esfera de “lo real”, que según el propio autor de la última obra aludida: “tiene carácter vibratorio”.

La “vivenciada soberanía” tuvo lugar, como decía, a la salida de Carora, iba solo, en horas de la tarde, cerca del poniente, había sido una despedida, aunque en ese entonces no lo sabía, iba sumido en ese estado donde los pensamientos y la imaginación parecen estar en suspenso, mientras el cuerpo ejerce mecánicamente la conducción a través de un camino muchas veces recorrido. En un punto de la carretera donde es imperioso disminuir la velocidad por la presencia de los llamados “policías acostados”, surgió de manera repentina, justo delante de mí, a pocos metros, un MACHO CABRÍO, negro, sumamente peludo tanto en su mentón, en su cuerpo, como en cada una de sus patas; era de considerables dimensiones, parecía que había sido objeto de una terrible pelea o accidente; a los pocos segundos me di cuenta que quizás había sido víctima previa de un arrollamiento, pues le faltaba su cuerno derecho, y de ese mismo lado, a la altura de su ojo derecho, tenía, en lugar de su órgano de visión, una considerable y vieja cicatriz, le abarcaba desde aquel punto justo encima del lugar donde debería encontrarse su ceja derecha hasta llegar cerca de la comisura derecha de su boca; a primera vista, la composición histológica de esa cicatriz era parecida a la que suelen formar las propias cabras en las rodillas, tan acostumbradas a los raspaduras y fricciones en sus grandes escaladas.

Después supe que aquel Macho Cabrío soberano había sido destinado en principio para “Azazel”, pero hubo escapado del despeñadero del cual lo precipitaron el “Día de la Expiación”.

"La piedra, rechazada, ha llegado a 
ser la piedra angular". Hch 4:11.

Fotografía: Ana T. Hernández
de Antonio: @pasifae_


La salida repentina del animal tuvo lugar, como dije, delante de mí, surgió del lado derecho y caminó en dirección a la izquierda, con intenciones de cruzar la avenida, se detuvo justo en la mitad de la vía que me conducía, giró su cabeza y me miró con detenimiento un par de segundos. Continuó su camino sin prisa, apartando a todos ante su paso hierático, cual soberano de aquellas escarpadas y xerófilas latitudes, manifestando un poder a lo largo de su avance, uno que hasta entonces era desconocido para mí y que no había percibido antes bajo ninguna circunstancia. Bajo el influjo de su mirada, caminó sin premura y obligó a los demás vehículos de ambas vías a detenerse, mientras atravesaba de punta a punta la carretera entera. Algo en mí se conmovió en lo profundo, como el estremecimiento aquel que sentimos cuando nos despertamos de repente, pues soñamos que caemos desde muy alto, pero en lugar de un suelo etéreo nos hallamos en cama, obscura precipitación, cuya caída, no por mullida, deja de ejercer una sutil violencia interior. En ese justo instante, como eco de la colisión final resultante de la caída, resonaron, en medio de un silencio peculiar, más allá del entorno y de la música, las palabras del “Pequeño Arquitecto del Universo” de Jonuel Brigue: “Desolado y fuerte…asisto a mi propia existencia que consiste en haber surgido y persistir sin fundamento, sin causa conocida, sin sentido, resistiendo los embates del mundo en un absurdo conato de autopreservación casi como los que insisten en sus deberes, afanes, ambiciones, conflictos y enredos para olvidar que los ronda la muerte…”

Cécil Álvarez, Pastor de Cabras
en el desierto interior.

Fotografía: Ana T. Hernández
de Antonio: @pasifae_

Así es como la entrada y la salida de Carora confluyó en ese instante en un solo punto, la figura de dos animales opuestos; en la primera, al entrar, confrontado con el cuidado monumento de la VACA; en la segunda, de salida, frente al herido pero soberano ser del MACHO CABRÍO. La primera: el corazón de la primavera; la segunda: el comienzo del invierno. A la entrada, la vida esplendorosa con todo el poder de Afrodita; a la salida, el Anciano Cronos empuñando la guadaña, el reloj de arena y su paciencia. Más allá de él: lo ignoto. Solo Hermes pudo ser capaz de conjugar esos dos extremos en un solo instrumento: caparazón y tripas, vacío y tensión.

La tensión y el vacío, presentes en la honda y en la guitarra, hacen posible el “jopeo de los chivos” y también el poder “meter en cintura a los perros salvajes” que intentan atacar al ganado. La honda y la guitarra por igual: ya que con aquella, tal como lo recuerda el autor: David venció a Goliath. Mientras que con el instrumento de cuerda Orfeo apaciguaba a las bestias.

Cuenta el mito que Odiseo era el único capaz de tensar el “arco” que le aguardaba en casa, esa capacidad de tensar dicha arma le cualificaba como digno del retorno y del señorío de su patria. En griego antiguo el sustantivo “arco” es designado con el término (transliterado) “Biós” y el sustantivo empleado para designar “vida, existencia, mundo…” es “Bíos”. La misma palabra, aunque acentuada en vocales y sílabas distintas. Una palabra con dos sílabas, dos vocales, dos consonantes. En la primera (arco-“Biós”) el acento recae sobre el círculo sin centro de la “o” (la letra ómicron en el griego)  y en la segunda (vida, existencia, mundo-“Bíos”) sobre la vertical de la “i” (la letra iota en el griego).

Ambas, vertical y círculo, conjugadas, componen el cetro del Rey, pero también el cayado del pastor, aquel que fue detrás de la oveja (¿O de la cabra?) perdida.

ALIRIO, el protagonista de la obra, se constituye en un arquetipo sin igual, que conjuga en sí las potencias mencionadas, capaz de tensarse a sí mismo y al mundo entero con su imperiosa voluntad.

 

II.- El re-cuerdo: aguas siempre fluctuantes.

Las aguas del recuerdo son como las de los ríos del Edén, se bifurcan, pero su fuente es una. Se dispersan, fecundando los vergeles de la tierra que los recibe y multiplica.

Mis abuelos maternos decían: “El jagüei del que no se saca agua, se seca”.

Árbol, sombra de algo más.
Fotografía: Ana T. Hernández
de Antonio: @pasifae_
El recuerdo, magno protagonista de la obra, desde las primeras líneas se posiciona, sutil, a veces impetuoso, pero siempre presente, como esas aguas aludidas a lo largo de su desarrollo; las que el Barbero “Buche de Agua” contenía en su boca; las corrientes que componían la fuerza de la quebrada de Carora, equiparable al alma y la creatividad del guitarrista, que repentinamente arrastran todo a su paso; las mismas que inspiraron a los músicos que aprendían por “instinto, tradición, fantasía y mucho oído”; las aguas profundas e insondables en la psique de cada uno de aquellos miembros de cada familia caroreña, “locos como cabras”, pero que estaban realmente en senderos a los que ningún otro ser llega, sin riesgo de despeñarse al punto, alcanzando alturas tan inescrutables como aquellas a las que accede la Cabra,  nutriéndose, como la Cabra, de alimentos insospechados, que podrían matar a cualquier otro, pero que en el caso de aquellos constituía un sustento muy particular; psiquis que estaban reflejadas, repetidas, fragmentadas, así como “PsiquePsique”, “PsiquisPsiquis”, “Siquisique”; controladas y confinadas, pero solo en apariencia, mediante el empleo del “cuarto del loco”, que intentaba fungir como dique de contención en cada una de las casas, estructura propia de un “Feng Shui” muy peculiar y exclusivo de aquellas casas Caroreñas.

Las mismas aguas arrastraban a “Chemaría Verde” hacia ignotas e ígneas regiones del inframundo, para luego augurar el futuro decadente y mecánico de la humanidad; regiones donde también contempló a un “pendejo que fue culto y probo”, condenado, evidencia de que “los extremos se tocan”; proverbial frase que nos recuerda el caso de aquellos que obstinándose en orar a Dios, terminan evocando al Diablo, como lo reseña un pensador universal del siglo XIX.

Aquel futuro vislumbrado por Chemaría, era un futuro donde la escala había dejado de ser “transfenoménica”, un futuro donde la escala no sería como la soñada por Jacob, recostado sobre roca firme, a través de la cual fluían en ascenso y descenso permanente los amanuenses del principio supremo. Un futuro donde la escala sería mecánica y el hombre ya no se esforzaría por transponer cada peldaño, sino que podría dormir en el primer tramo, hasta ser llevado de manera exponencial a niveles de un mundo cada vez más sumido en la multiplicidad, la inconsciencia y la falta del auténtico anhelo de transcendencia.

Posada LOS GRANADOS. Carora.
Fotografía: Ana T. Hernández
de Antonio: @pasifae_

Tan iguales son las aguas físicas de la quebrada a las sutiles vibratorias de la música, que las primeras, cuando crecía la quebrada, arrastraba todo a su paso, sin hacer distinción alguna entre los “Godos” y “el resto del Pueblo”. En el mismo despliegue de fuerza, las segundas aguas, las musicales, inundaban las casas por igual, pues los godos la “sentían como el resto del pueblo”, eran embargados con la misma intensidad.


III.- Una arquitectura viva.

El autor rinde un hermoso homenaje a “Don Chío” y a su gran labor como inmensa fuente nutricia, maestro generoso que le presentó la materia prima de lo que serían las estructuras reflexivas que le acompañarían en adelante.

Empero dicha materia prima, sería la que daría lugar a la construcción más importante y ulterior: la de una toma de consciencia dolorosa. El reconocimiento de la fragmentación interior, la mirada oblicua que sería la base fundamental para ajustar los diques y permitir un mejor flujo de su creatividad.


Cécil Álvarez, en cinto de
Música y de Philo-Sophía.

Fotografía: Ana T. Hernández
de Antonio: @pasifae_
Todo acto creativo requiere de dos para dar lugar a un tercer elemento, así fue “en el principio”.

La creación de un nuevo ser vivo tiene lugar con el encuentro de los opuestos para concebir, fecundar y dar a luz. El confrontarse con el mundo de las ideas y con “el otro”, en casa de Don Chío, he allí el 1 y el 2.
Luego surgen los 3 “Yoes” de Alirio develados en la hamaca, empleando quizá “el asana que adoptan los llaneros de Apure y Barinas cuando quieren meditar…para facilitar la flotación existencial” (EL PEQUEÑO ARQUITECTO DEL UNIVERSO, Jonuel Brigue, capítulo 6, pág 52); la prisión de las 3 torres, la mención triple del sustantivo “Masón” empleada por su madre para insultar a los enemigos de la iglesia. Pero el “Alirio que mira” siempre queda oculto, punto y vértice superior de la “Tetraktys”, cuarto nivel superior de la tradicional y puntuada figura.

Aquí habrá una pequeña digresión conectada con esos cuatro (4) niveles de la Tetraktys, geometría rememorada como producto de la toma de consciencia de Alirio.

El poeta SIMÓNIDES DE CEOS expresó que un hombre verdaderamente bueno y virtuoso, habría de ser un “Tetrágoonon de pies, manos y mente”; metáfora de aquel que “se conduce”, “obra” y “reflexiona” de manera “Tetragónica”. Esto tiene una clara conexión con la “Tetraktys”. El adjetivo “Tetrágoonon” se podría traducir como “cuadrado, perfecto, sólido y fuerte”. Sin embargo, siendo que “Tetra” además de ser raíz del cuadrado, lo es también del “cuatro” y por cuanto “Goonon” se emparenta con “gonada”, un hombre “Verdaderamente bueno y virtuoso” es lo que en la jerga popular calificamos como “Un cuatriboliao”.

Un “cuatriboliao” es un hombre que supera los condicionamientos del hombre ordinario, se emplea comúnmente para hacer referencia a un imposible, a un hombre inexistente, supranatural. Sin embargo, “Goonon” se vincula igualmente con “Gígnoomai” (llegar a ser), “Gonee” (generación, origen, germen) y también con “Gignóoskoo” (conocer, darse cuenta). En base a eso, en esencia, nuestro coloquial “cuatriboliao” es quien ha “germinado”, se trata de un verdadero “Neófito”, “dándose cuenta” de los prenombrados cuatro ámbitos de bifurcación.

"La razón de la sinrazón que
a mi razón se hace..."

Fotografía: Ana T. Hernández
de Antonio: @pasifae_
La primera parte del Proverbio 1:7 que suele traducirse como “El temor de Dios es el principio de la sabiduría…” en la transliteración de la lengua hebrea expresa: Yir’at ‘yod,heh,waw,heh’ re’shit daat…. A las luces de lo anterior, obsérvense a su vez cuatro (4) aspectos:

1) “Yir’at” además de ser “temor”, tiene por raíz “yod,resh,aleph” que también contiene las nociones de “instrucción y orden”.

2) El término ‘yod,heh,waw,heh’ que se traduce por “Dios”, es el principal Nombre Divino de la Tradición Hebraica, el Tetragramma, el nombre de cuatro (4) letras, inefable, que suele traducirse de varias maneras, de las cuales las más comunes son  “Dios” y “Adonay”. Este nombre nos conecta nuevamente con aquel “Tetra” de la “Tetraktys”, y la primera parte del nombre compuesto de nuestra jerga, es decir, el “Cuatri”. Como colofón, el tetragramma Hebreo aquí referido, es el verbo “Ser” conjugado en los tres tiempos (pasado, presente y futuro).  

3) “Re’shit” (principio, cabeza) nos da cuenta de aquel “Germen” al que “Goonon”, “Gonada” y “Boliao” hacen referencia.

4) “Daat” (conocimiento), a pesar que suele traducirse como sabiduría, quienes han visto con atención el esquema del “Árbol de la Vida”, saben que obedecen a niveles diferentes. “La Sabiduría” y “El Conocimiento” son dos puertas supremas pero, mientras una (Daat) conduce a la “Reina” (Saturno, límite de la manifestación); la otra (Hokhmah), ámbito inmediato al anterior, nos lleva directo al “Ser”, al “Origen”, al “Primer Brote” de los campos de MOAB. Además el término empleado para calificar a “La Sabiduría” en el esquema referido no es “Daat” sino “Hokhmah”.

5) El quinto elemento de todo lo anterior resulta de lo siguiente:

a) La lectura y traducción “literal” del texto “fuera del espejo” sería:

“El orden (o instrucción) del tetragrama (los cuatro niveles) es el origen del Conocimiento…”;

b) Pero el mismo texto “reflejado” o “leído al revés”:

“El conocimiento del Origen es orden e instrucción del Ser…”

Dicho lo anterior, observamos como ALIRIO toma consciencia de sí mismo, de sus orígenes contingentes, aunque fundamentales para el despliegue de su “Ser” y de su “Creatividad”.

Posada LOS GRANADOS. Carora.
Fotografía: Ana T. Hernández
de Antonio: @pasifae_

El punto anterior se constituye en ese “darse cuenta” de que posteriormente procedería, como señala el autor, a “Saltar la Talanquera” por segunda vez.

La delatada triplicidad, estando más allá del 2, le permitió ver los opuestos en sí mismo y reconciliarse con ellos. Al reconciliarlos dentro, le fue posible difuminar los contrastes ideológicos que le habían acompañado desde el origen.

 

 

 

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