¿A DÓNDE IRÁ ESA SEMILLA? - SOBRE MANDARINAS DE ZAZA URUSHADZE.
Un anciano venerable, delgado, bastante alto y alargado de extremidades, con
una barba que cubría todo su rostro, se encontraba sentado con la mirada
aparentemente en la nada. Sin embargo, su agudo sentido penetra atentamente,
aunque sin racionalizar mucho el fenómeno que estaba ante sus ojos. Frente a
él, a pocos metros en el suelo, se hallaba una pequeña mandarina madurísima
abierta por un constado como si se hubiera roto al impactar con el suelo luego
de desprenderse, una vez cumplido su ciclo de dependencia con el árbol que le
dio existencia; aquél que, a su vez, provino desde una de sus semillas de su
interior de mandarina; dimensión ésta de la que ella, como fruto reventado y
yacente también provino alguna vez.
Esa fruta anaranjada y rota quizás intentó ser comida por algún ave, de allí su estado actual. Era posible que alguna de aquellas moradoras de las alturas, en su vuelo regular, la encontrase a su paso y hubo deseado que su interior fuese una plantación entera de mandarinas, quiso esa pequeña ave frutera contener dentro de sí un bosque, una reserva vegetal.
Cualquiera pudo haber sido la causa de la abertura de esa hermosa mandarina. Lo cierto era que, desde la superficie hasta su centro; desde la concha a través de la pulpa rasgada y hasta su semilla central, se encontraba abierta.
IVO, que así se llamaba el anciano sentado en aquella mañana de fuertes brisas, despertó de su leve letargo y recordó que esa mandarina no podía ser juntada a aquellas otras para las cuales empleaba su oficio de carpintero en el que manufacturaba cestas o guacales hechos de tablas, en los cuales eran depositadas las mandarinas intactas luego de su cosecha anual.
Esos guacales, una vez que cumplen con el peso adecuado, son llevados a las fábricas para procesar su contenido en beneficio de la sociedad burguesa y globalizada de hoy.
Esa pequeña, abierta y reventada fruta, contemplada hace un momento por IVO, había escapado de las cestas, ya no era apta para la fábrica.
Como aquella oveja rebelde que se saltó la verja en desprecio a ser esquilada y encerrada, en rechazo a ser pesada y comerciada. Aquella por la que un Divino Maestro escapó también para seguirle los pasos.
IVO se trasladó a su taller y comenzó a trabajar en sus cestas diarias produciendo una tras otra. Su vecino y socio poseía una plantación tan extensa que a la vista se perdía en el horizonte. Ya no le era posible recordar la extensión exacta, pero sabía que aún faltaban muchas cestas donde depositar, como en un sepulcro, a las mandarinas intactas.
Mientras el anciano trabajaba con fervor, no podía dejar de repetir en su interior aquellas ideas que resonaban en los límites de su SER, durante el tiempo en que contempló aquel FRUTO CAÍDO:
Incomunicable sentido que no eres tal,
compañero exclusivo de la soledad perpetua;
en esta fragmentación, tu fragancia extraña
sin nombre ni momento en el recuerdo
se expande purpúrea y luminosa
por subterráneos laberintos
trazando una ruta a algún sector
sin articulación alguna.
El viejo ermitaño, silencioso y huraño
nunca te pierde la pista,
te sigue de cerca en su lentitud.
Él conoce todos los atajos y senderos
de tus dominios…
La historia anterior fue inspirada en la película MANDARINAS del año 2013, dirigida por Zaza Urushadze. Consideramos que el lenguaje integral de la película va más allá de su argumento histórico. El personaje principal, IVO, cuyo nombre tomamos para el cuento anterior, es en efecto un fabricante de guacales donde son depositadas las mandarinas de su vecino que serán destinadas a diversos procesamientos. Así mismo, funge dicho personaje como la representación de una gran idea que debería ser objeto de todas nuestras reflexiones, inherente a la condición humana y que quisimos expresar a través de una pequeña historia y no por la vía discursiva.
Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir:
allí van los señoríos,
derechos a se acabar
y consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos;
y llegados, son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.
Jorge Manrique
que van a dar en la mar,
que es el morir:
allí van los señoríos,
derechos a se acabar
y consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos;
y llegados, son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.
Jorge Manrique
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