ACERCA DE EL CASTILLO DE FRANZ KAFKA.
<<Resulta difícil darse cuenta de que esto es una Colonia Penal, aunque todo el mundo lo intuye oscuramente. Más difícil, casi imposible, es escapar.>>. LA COLONIA PENAL. JONUEL BRIGUE
“El Castillo” de Franz Kafka es una obra llena de “especiales indicios”. La misma ha generado multiplicidad de comentarios, que en su mayoría afirman que dicha obra se funda en la necesidad de expresar el funcionamiento de la Burocracia, lo cual, aunque no deja de ser cierto en un sentido, omite su esencia más fundamental.
A este respecto, inmersos en la lectura, parece que de repente nos hallamos en un sueño lúcido, como si nuestros pasos penetrasen intempestivamente en terrenos oníricos; sólo que a su vez y de forma paralela, con la consciencia de estar en el propio lugar desde el cual sostenemos el volumen contentivo del críptico texto.
En el despliegue de nuestro oficio de lectores atentos, mientras recorremos cada línea, con cada oración de la obra, nos adentramos sin darnos cuenta en senderos enigmáticos. No es sino hasta la mitad del volumen, que nos damos cuenta de estar en dos ámbitos ínter-conectados, dos escenarios entrelazados, desde los cuales accedemos a una tercera dimensión concurrente con el texto en sí.
Nos sorprendemos repentinamente leyéndonos a nosotros mismos, nos observamos protagonistas, con un nombre que no es tal. El autor nos ha designado con la letra“K” pues esa es la inicial del nombre del protagonista de la obra. Estamos allí de pie, tal como esa consonante inicial con una mano elevada al cielo y la otra señalando a la tierra. A través de esa letra somos nombrados, conocidos y medidos. Hemos llegado a una aldea para ejercer el oficio de agrimensura. Nos han contratado para ello. Nos suponemos expertos en medir la tierra. Estamos igualmente seguros y convencidos de haber sido llamados a aquel lugar por determinadas autoridades que además residen en un Castillo; estructura ésta, que a pesar de ser visible desde donde nos encontramos, es a su vez, de ubicación misteriosa e indeterminada. Ese castillo es visible a la distancia, desde el pueblo o aldea en el que transcurren los acontecimientos y el entramado de nuestro devenir.
Frente a una realidad de este tipo, lo más racional sería regresar a nuestro lugar de origen, en caso de haber algún impedimento en la ejecución de nuestros objetivos iniciales. Progresivamente, “K” se encuentra - sin percatarse como - atrapado en aquel lugar, por circunstancias, personas, emociones y pensamientos, vinculados con una fuente común: EL CASTILLO.
De seguidas, caemos en cuenta de que habíamos olvidado que somos “K”, estamos en él; somos prisioneros. No hemos cumplido con el oficio para el que estábamos convencidos de haber sido convocados a aquel lugar.
Todos los seres con los que tratamos en ese devenir, tienen a su vez una dependencia enfermiza y difícil de describir con aquel castillo y sus habitantes. Como si cada uno, fuera un agente o espía encubierto proveniente del castillo con un mandato solapado y siniestro, además de desconocido. ¿Quién será el objetivo? ¿Acaso nosotros? ¿Con qué fin?
La sospecha anterior surge, pues pareciera que las demás personas se encuentran allí, sin saber, y sin que les importe siquiera saber acerca de ellos mismos, sin ningún asombro ni inquietud en torno al Castillo: TRÁGICA OTREDAD. Estando en el interior de“K”, nos debatimos constantemente con la intención de definir aquello.
Sujeto de esas reflexiones, retornamos a una de las dos dimensiones primigenias: estamos leyendo EL CASTILLO DE KAFKA y hasta ese punto, tal como el protagonista, no sabemos nada en torno a los motivos que nos han llevado a nosotros como lectores hasta ese nivel de la historia, pero al igual que el protagonista, estamos en una lúcida batalla por definir su situación, que es la nuestra también. Como lectores, a su vez y a pesar de nosotros mismos, nos hallamos allí, petrificados, formando parte de esa aldea.
Hemos divisado el misterioso Castillo. Repentinamente, con sutil violencia proveniente de no se sabe dónde, el lector mismo, se da cuenta fugaz y levemente - antes de sumergirse nuevamente derrotado por el sueño y el letargo – de no estar cumpliendo con su oficio. Se halla pues, en la aldea misteriosa, y su situación no está resuelta.

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